domingo, 2 de agosto de 2026

LECTURAS DOMINICALES

Álvaro Cepeda Samudio: palabras como puñetazos

Por: Daniel Samper Pizano

“No sé si este es el mayor defecto o la mejor cualidad de la obra de Álvaro Cepeda Samudio, pero lo cierto es que aquella parece cortada con las mismas tijeras que su vida: desordenada, sanguínea, inconstante, con carreras y frenadas, con multitud de fases y, encima, suspendida, la eterna y jamás realizada promesa de algo maestro. No hay duda de que, con Álvaro, de alguna manera todos estuvimos a la espera —el título de su primer libro de cuentos parecería un alegórico propósito— y todos, en cierto modo, quedamos a la espera. Un mal 20 de julio (día patrio, dato para coleccionistas de coincidencias) cayó a cama y un mal 12 de octubre (otro día patrio, señores coleccionistas) se murió en Nueva York, donde, justamente, había recibido lo más importante de su combustible literario y periodístico. En cuestión de tres meses se enfermó quien nunca se enfermaba (años atrás le había dado, solamente, una tisis que no fue más que un dictamen médico equivocado) y se murió quien pocas muestras daba de querer morirse. Y quedaron colgando miles de proyectos de los que hervían a diario en la cabeza desmelenada de Cepeda: seis guiones de cine, una novela que no pasó jamás de su imaginación y que iría a llamarse Los grandes reportajes sobre la extraña muerte de la mujer del médico más famoso de la población de la Ciénaga e incluso el proyecto de asociarse con dos o tres amigos y comprar el Diario del Caribe.”

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